Claves para una Relación Sana: Poder, Miedo y Autonomía

Según Arun Mansukhani, psicólogo clínico y sexólogo, existen varios puntos clave para tener una relación sana, fundamentados principalmente en el concepto de relaciones horizontales, donde el poder está equitativamente repartido. Estos son algunos de los aspectos más importantes que menciona en la transcripción:

  • Poder, control y decisiones repartidos: En una relación sana, ambas partes tienen la misma posibilidad de tomar decisiones, ambos tienen control y ambos cuidan y son cuidados, proveen y son provistos. La ausencia de este equilibrio lleva a relaciones verticales que, si bien pueden ser sanas en ciertos contextos (como la relación entre un padre y un bebé), no lo son en relaciones íntimas entre adultos.

  • Ausencia de miedo: En una relación sana, no debe haber miedo, ya sea miedo a que la otra persona se enfade, miedo a no estar a la altura o cualquier otro tipo de temor. El miedo es un indicador de que la relación no está funcionando bien.

  • Bienestar emocional y autenticidad: En una relación sana, uno se siente relajado y tranquilo la mayor parte del tiempo, y puede ser uno mismo. Además, cuando ocurre algo malo, se siente la necesidad de hablar con la pareja.

  • Risa y diversión compartida: Mantener la capacidad de reírse juntos y querer hacer cosas juntos porque se divierten haciéndolo es una señal de una relación sana.

  • Interdependencia, no fusión: Una relación sana se basa en la interdependencia, donde se hacen cosas juntos pero también separados, tolerando y respetando la individualidad de cada uno.

  • Conciencia de las propias carencias: Para no relacionarse desde la carencia, es fundamental ser consciente de la propia historia vital y de las carencias que puedan surgir de las relaciones pasadas, especialmente con las figuras de apego primarias. Comprender la propia capacidad de autonomía e intimidad es clave.

  • Desarrollo de la autonomía y la intimidad: Una relación sana requiere un buen nivel de autonomía (estar bien a solas con uno mismo) y de capacidad de intimidad (estar tranquilo y a gusto con los demás). Dificultades en cualquiera de estas áreas pueden generar patrones dependientes o contradependientes, que no son saludables.

  • Resolución de conflictos: Las relaciones sanas no se distinguen por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de resolverlos de manera constructiva. Un conflicto bien resuelto puede incluso fortalecer la relación.

  • Transición hacia un amor maduro: Es importante trascender el enamoramiento (amor pasional) y el amor romántico idealizado para construir un amor más maduro, basado en el trabajo activo y la aceptación mutua. La pareja realmente empieza cuando el enamoramiento acaba y se empieza a ver al otro tal como es, incluso con sus decepciones.

  • Relación sana con uno mismo: Tener una buena relación con uno mismo, basada en el autoconocimiento, la autoaceptación, la autocompasión y el autocuidado, es fundamental para poder establecer relaciones sanas con los demás

Mansukhani también subraya que la dependencia emocional absoluta no es saludable; de hecho, la ausencia total de dependencia podría ser un rasgo psicopático. El objetivo es la interdependencia. Finalmente, enfatiza la importancia de ser un "adulto emocional", capaz de mantener la calma y actuar con sensatez, especialmente en momentos de crisis, tanto en las relaciones de pareja como en la relación con los hijos adolescentes.

¿Por qué es importante el autoconocimiento relacional?

La importancia del autoconocimiento relacional se puede desglosar en los siguientes puntos:

  • Conocimiento de uno mismo, con lo bueno y lo malo: El autoconocimiento implica reconocer tanto las cualidades positivas como las negativas que uno posee. Esto es crucial porque nadie es perfecto, y aceptarse de manera integral, sin negar las propias sombras (el "yo malo" y el "no yo" según Harry Stack Sullivan), es esencial para construir una base sólida para las relaciones. Los conflictos con los demás pueden incluso ofrecer pistas sobre aspectos del "no yo" que necesitamos reconocer.

  • Identificación de "careencias" y patrones relacionales: Tomar conciencia de la propia historia vital y de las relaciones significativas pasadas, especialmente la relación con los padres, ayuda a identificar las posibles "careencias" o heridas emocionales que pueden influir en la forma en que nos relacionamos en el presente. Comprender de dónde vienen ciertos patrones de comportamiento o necesidades en las relaciones es vital para no repetirlos de manera inconsciente. Por ejemplo, si uno se ha acostumbrado a relaciones dominantes, es necesario reconocerlo para poder aspirar a relaciones horizontales.

  • Comprensión de la propia autonomía e intimidad: El autoconocimiento relacional está estrechamente ligado a evaluar cómo funcionamos a nivel de autonomía (la capacidad de estar bien con uno mismo) y de intimidad (la capacidad de estar tranquilo y a gusto con los demás, confiando en ellos). Identificar dónde fallamos en estos dos aspectos es clave para saber qué necesitamos desarrollar para tener relaciones sanas. Por ejemplo, si uno tiene problemas de confianza, es fundamental reconocerlo para poder trabajar en construir relaciones íntimas saludables.

  • Evitar relaciones basadas en la carencia: Si nos relacionamos desde la carencia, es más probable que elijamos personas que complementen esa carencia de manera negativa, manteniéndonos en un ciclo de desequilibrio. El autoconocimiento nos permite ser conscientes de nuestras carencias y, por lo tanto, tener la posibilidad de no elegir parejas o amigos desde esa necesidad, sino desde una posición más sana y equilibrada.

  • Facilita el desarrollo del "apego seguro": El autoconocimiento es un componente importante en el camino hacia un "apego seguro adquirido". Al entender nuestras propias dinámicas relacionales y trabajar en nuestras "careencias", podemos reparar patrones de vinculación menos saludables desarrollados en el pasado.

El autoconocimiento relacional es el cimiento sobre el cual se construyen las relaciones sanas. Sin una comprensión profunda de uno mismo, de las propias necesidades, heridas y patrones relacionales, resulta difícil establecer conexiones auténticas y equitativas con los demás. Desarrollar el "verde" en nosotros mismos, como se menciona metafóricamente, a través del autoconocimiento, es lo que nos permite tanto buscar como mantener relaciones saludables.

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